¿Acaso soy la única que no se fía de las palabras? Quizás es que me hicieron demasiado daño, pero no creo en ellas.
Son bonitas, pueden hacer que te emociones, que te sumerjas en otro mundo, que abandones lo que eras, que te pongas en la piel de otra persona, de otro personaje, de otro ser. Son importantes, son necesarias.
Pero, cuando se trata de conversaciones, ¿cuánta credibilidad deberían tener? Últimamente la gente entrega sus sentimientos demasiado pronto, hacen que las palabras y las frases como "amor" o "te quiero" dejen de significar lo que eran. Se dicen a personas a las cuales no conoces. Entregas ese supuesto amor a alguien que quizás mañana ya no esté en tu vida. Entonces, ¿qué significado tienen? ¿de verdad puedo creer que haya verdadero sentimiento en algo que a los dos días puede quedar en el olvido?
Las palabras las dejo para mi desahogo, para la literatura, para el arte. Para los sentimientos, prefiero actos, las miradas, los besos, los abrazos,...
lunes, 22 de diciembre de 2014
sábado, 15 de noviembre de 2014
Sigo siendo débil.
Todos fuimos cayendo, nos arrebatamos nuestra propia corona.Todos nos fuimos destrozando, en esos momentos las heridas que nos hacíamos no dolían. No
supimos aguantar la presión.
Fui débil y no te miento, creo que lo sigo siendo.
Me consentías demasiado, y lo sabes. Ahora, ¿qué hago en cada una de mis rabietas? Ya no vienes a hacerme reír aunque pusiera todas mis fuerzas en que mi cara esbozase el mayor de mis enfados. Ya no me haces cosquillas, ya no me calma nadie.
No sé qué echo de menos. O quizás sí. Es algo confuso. Solo sé que no es como yo esperaba. Solo sé que no me imaginaba sin ti.
Me consentías demasiado, y lo sabes. Ahora, ¿qué hago en cada una de mis rabietas? Ya no vienes a hacerme reír aunque pusiera todas mis fuerzas en que mi cara esbozase el mayor de mis enfados. Ya no me haces cosquillas, ya no me calma nadie.
No sé qué echo de menos. O quizás sí. Es algo confuso. Solo sé que no es como yo esperaba. Solo sé que no me imaginaba sin ti.
Por favor, tú no.
Con solo mirar sus ojos podía sumirme en el pozo de desesperación y angustia que estaba viviendo.
Aquel rostro de desolación, de miedo, de decepción de sí mismo... que se sentía tan solo y pisoteado. Ojalá pudiera hacerle ver que no es así, o al menos poderle prometer que no será así por mucho tiempo, que todo va a cambiar.
A veces me gustaría estar en su cabeza, saber qué piensa, qué le quita el sueño, de qué se acuerda, pero al momento me doy cuenta de que sería incapaz, yo no aguantaría todo eso.
Quiero ayudarte, dime cómo.
No te derrumbes, tú, eres mis fuerzas de seguir en pie.
Te quiero.
Aquel rostro de desolación, de miedo, de decepción de sí mismo... que se sentía tan solo y pisoteado. Ojalá pudiera hacerle ver que no es así, o al menos poderle prometer que no será así por mucho tiempo, que todo va a cambiar.
A veces me gustaría estar en su cabeza, saber qué piensa, qué le quita el sueño, de qué se acuerda, pero al momento me doy cuenta de que sería incapaz, yo no aguantaría todo eso.
Quiero ayudarte, dime cómo.
No te derrumbes, tú, eres mis fuerzas de seguir en pie.
Te quiero.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Nuestra canción.
Y te veo reflejado en mis ojos al mirarme en el espejo, como una lágrima que quiere escapar, como un preso que ya ha cumplido con su condena, mas no puedo dejar de pensar en el porqué de tu presencia, no entiendo que aún sigas aquí.
Me lloras al oído cada noche o bien me recitas momentos juntos, tan suave, tan dulce, tan delicado. Parece que sigo notando el tacto de tus manos en mi cara como cuando te la ibas acercando poco a poco hacia la tuya para finalmente besarme. Me estremece la idea de que eso solo pasará en mi mente, que no volverá a haber tacto de piel con piel, de labios con labios.
Mientras mi corazón late al ritmo de los besos que nos dimos, mis lágrimas caen al son de la canción que en su día sentimos, esa que me hace pensar en ti.
Me lloras al oído cada noche o bien me recitas momentos juntos, tan suave, tan dulce, tan delicado. Parece que sigo notando el tacto de tus manos en mi cara como cuando te la ibas acercando poco a poco hacia la tuya para finalmente besarme. Me estremece la idea de que eso solo pasará en mi mente, que no volverá a haber tacto de piel con piel, de labios con labios.
Mientras mi corazón late al ritmo de los besos que nos dimos, mis lágrimas caen al son de la canción que en su día sentimos, esa que me hace pensar en ti.
viernes, 24 de octubre de 2014
Que te jodan.
Me quiero, y mientras tanto me das igual. El problema viene en que nunca me quiero y que tú siempre estás ahí. Que te vayas, joder, que no me apetece verte. Que no soy lo que aparento, que quiero mi soledad pero necesito que me quieran, y tú me sabías querer.
Que te jodan, que me mentiste, dijiste que siempre estarías ahí y mírame, sola, odiándote en silencio y amándote al mismo tiempo.
Y si me buscas sabes dónde encontrarme, en la penumbra de mis pensamientos, en la soledad de mi mente, en las lágrimas que han caído al suelo. Y si te busco yo, ahora no sabría encontrarte. Quizás estés en el aroma de otra chica, en el recuerdo de otro día en el que no estaba, en la lluvia que no puedo ver.
Que te jodan, que me mentiste, dijiste que siempre estarías ahí y mírame, sola, odiándote en silencio y amándote al mismo tiempo.
Y si me buscas sabes dónde encontrarme, en la penumbra de mis pensamientos, en la soledad de mi mente, en las lágrimas que han caído al suelo. Y si te busco yo, ahora no sabría encontrarte. Quizás estés en el aroma de otra chica, en el recuerdo de otro día en el que no estaba, en la lluvia que no puedo ver.
sábado, 11 de octubre de 2014
Te prometería tantas cosas.
Se veía realmente en su mirada que aquella niña albergaba la esperanza de que esa "segunda oportunidad" le pudiera ser concedida. Realmente lo esperaba. Pero realmente sabía que no sería posible.
Por fin lo sabía con certeza, y en ese momento no derramó ni una sola lágrima, pero sí se le desprendió una parte de ella. Sería solo el principio, acabaría derrumbada, acabaría desvanecida, olvidada.
"Prometo no herirte, prometo no lastimarte. Prometo quererte a ti más de lo que yo me pueda querer en toda mi vida. Prometo días inolvidables, llenos de risas, de amor, de caricias..." se decía la niña.
"Cállate", contestaba la cabeza. "Entiende que quizás sea lo mejor. Habla con corazón y dile que deje de doler, que no necesitamos a nadie que nos sane, que somos fuertes, que avanzaremos hasta donde podamos y que cuando estemos exhaustos, dejaremos de sentir de verdad".
En ese momento, cuando asumió la realidad, sí que derramó una lágrima.
Y fue ahí, dejó de ser ella.
Cambió. Creció. Dejó de sentir.
Por fin lo sabía con certeza, y en ese momento no derramó ni una sola lágrima, pero sí se le desprendió una parte de ella. Sería solo el principio, acabaría derrumbada, acabaría desvanecida, olvidada.
"Prometo no herirte, prometo no lastimarte. Prometo quererte a ti más de lo que yo me pueda querer en toda mi vida. Prometo días inolvidables, llenos de risas, de amor, de caricias..." se decía la niña.
"Cállate", contestaba la cabeza. "Entiende que quizás sea lo mejor. Habla con corazón y dile que deje de doler, que no necesitamos a nadie que nos sane, que somos fuertes, que avanzaremos hasta donde podamos y que cuando estemos exhaustos, dejaremos de sentir de verdad".
En ese momento, cuando asumió la realidad, sí que derramó una lágrima.
Y fue ahí, dejó de ser ella.
Cambió. Creció. Dejó de sentir.
viernes, 10 de octubre de 2014
Un manto de espinas
Todos necesitamos ayuda, y yo me deshice de mi salvavidas cual maltratador abandona a su perro, persiguiendo la absurda idea de que dejarme llevar por las olas sería más divertido y de que necesitaba valerme por mí misma. Pero no recordé las tormentas, ni aquellos monstruos marinos fruto de nuestro perverso remordimiento y conciencia, aquellos son los peores monstruos.
Quizás consigas escapar, tal vez incluso consigas llegar a tierra firme, pero no se detendrán, optarán formas terrestres, quizás humanas y no dejarán de atormentarte.
Pero ese salvavidas al que en su día renunciaste seguirá varado en el mar, y encontrará a quién salvar. Mientras, solo podrás limitarte a observar y en apreciar lo feliz y segura que está aquella persona, mientras huyes de tus miedos y de tus actos, mientras tu cuerpo ha sido recubierto por un manto de espinas desgarradoras que no permitirán que te salves nunca, nunca más.
Quizás consigas escapar, tal vez incluso consigas llegar a tierra firme, pero no se detendrán, optarán formas terrestres, quizás humanas y no dejarán de atormentarte.
Pero ese salvavidas al que en su día renunciaste seguirá varado en el mar, y encontrará a quién salvar. Mientras, solo podrás limitarte a observar y en apreciar lo feliz y segura que está aquella persona, mientras huyes de tus miedos y de tus actos, mientras tu cuerpo ha sido recubierto por un manto de espinas desgarradoras que no permitirán que te salves nunca, nunca más.
jueves, 9 de octubre de 2014
Quiso morir en todos los sentidos.
Aquella mañana amaneció llorando. Corriendo, se dirigió al lavabo para que su madre no se percatara de aquella pesadilla que había sufrido y que se veía reflejada en su horrible mirada. Pero daba igual, su cara lo revelaba todo.
Muerta por dentro no dejaba de pudrirse.
"No puedes tapar tu muerte con nada, ni colonias ni maquillaje, pues ese olor lo desprendes con tus ojos, ese dolor lo desprendes con tu boca. Y es que estás muerta por dentro".
Esas palabras no paraban de resonar en su cabeza, ni siquiera recordaba dónde las había escuchado o si iban para ella, pero daba igual, en el fondo sentía el peso de esas certezas.
Lloraba y se pegaba, se decía a sí misma que no podía ser cierto pero, entonces, cayó en la cuenta de sus latidos. No había latidos. En verdad estaba muerta. No sentía nada más que odio y tristeza y quiso morir, pero ya no solo por dentro. Quiso morir en todos los sentidos.
Muerta por dentro no dejaba de pudrirse.
"No puedes tapar tu muerte con nada, ni colonias ni maquillaje, pues ese olor lo desprendes con tus ojos, ese dolor lo desprendes con tu boca. Y es que estás muerta por dentro".
Esas palabras no paraban de resonar en su cabeza, ni siquiera recordaba dónde las había escuchado o si iban para ella, pero daba igual, en el fondo sentía el peso de esas certezas.
Lloraba y se pegaba, se decía a sí misma que no podía ser cierto pero, entonces, cayó en la cuenta de sus latidos. No había latidos. En verdad estaba muerta. No sentía nada más que odio y tristeza y quiso morir, pero ya no solo por dentro. Quiso morir en todos los sentidos.
domingo, 5 de octubre de 2014
Sabía que no podía pedirlo.
No habría sabido contestar. A lo lejos solo vislumbraba su
figura gracias a aquella farola. Sé que no podía pedirle que fueran sus brazos
los que me rodearan en aquellas noches frías, ni que sus labios se encargasen
de transmitir calor a los míos, tampoco podía pedirle que fueran sus manos las
que me agarrasen de modo que pareciese la unión más poderosa de todo el mundo.
Sabía que no podía pedirle nada de eso y, sin embargo, me enfadaba con él
porque no lo hacía.
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