Y te veo reflejado en mis ojos al mirarme en el espejo, como una lágrima que quiere escapar, como un preso que ya ha cumplido con su condena, mas no puedo dejar de pensar en el porqué de tu presencia, no entiendo que aún sigas aquí.
Me lloras al oído cada noche o bien me recitas momentos juntos, tan suave, tan dulce, tan delicado. Parece que sigo notando el tacto de tus manos en mi cara como cuando te la ibas acercando poco a poco hacia la tuya para finalmente besarme. Me estremece la idea de que eso solo pasará en mi mente, que no volverá a haber tacto de piel con piel, de labios con labios.
Mientras mi corazón late al ritmo de los besos que nos dimos, mis lágrimas caen al son de la canción que en su día sentimos, esa que me hace pensar en ti.
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