martes, 15 de diciembre de 2015

Un trozo del pasado.

En aquella noche lluviosa solo podía recordar tu voz. Cada charco que pisaba salpicaba tu olor, cara muro en el que me apoyaba parecía tu pecho. Deja de seguirme.
Llegué a aquel bar, aquel que nunca me llegaste a enseñar y me senté, pasé toda la noche y no pedí nada, no hablé con nadie, no hice nada.
Cuando cerraron me dirigí a mi casa, bueno, en realidad quería hacerlo, porque mis piernas me llevaban a la tuya. Había perdido el control sobre ellas. Casi quería llorar y al hacerme la idea de que quisiera o no, llegaría a tu casa. Empecé a inventarme excusas, pero mi cabeza también se había puesto en mi contra y solo decía “te quiero, te echo de menos, lo siento” una y otra vez.
Y finalmente llegué, llegué a tu casa. Pero no abriste tú. Lo hizo aquella hermosa chica del cabello castaño, aquella de la que tanto me habías hablado en su día.
Mis piernas volvieron a ponerse en contra, no caminaban, pero yo quería huir.
Al final, sin haber pronunciado palabra, aquella chica te llamó asustada,  y una vez había apartado su vista de mí, pude correr. Corrí como nunca lo había hecho, me tropecé, me caí tantas veces que perdí la cuenta, lloré… Parecía que el cielo lloraba conmigo aunque la tormenta que se respiraba en la calle no se asemejaba a la que se debatía en mi interior. Y, aquella noche, morí. Por fin lo supe, sin ti no había otro fin. Y morí, lo acepté, dejé de existir en mi interior, dejé todo lo que fue de mí en tu puerta, yo nunca lo recogí y supongo que tú nunca advertiste que todo lo que en su día fui, se quedó ahí, contigo.
Y muerta y sin alma llegué a mi casa, empapada pero no me importaba.
Me metí en la cama y todavía conservaba el olor de la colonia que te regalé, y no pude aguantarlo, otra vez volví a llorar.
Los días se tornaron grises e insípidos, sin motivos por los que volver a ponerme aquella camisa que me quedaba tan bien o de soltarme el pelo tal y como me gustaba que se quedara. Dejé de tener ganas de comer, incluso de respirar. Únicamente tenía ganas de ti.

Y cuando ves que todo pierde sentido llega el día en el que te vas a dormir, y no vuelve a haber un día nuevo, no vuelves a abrir los ojos.

miércoles, 14 de enero de 2015

Solo algo de amor.

Vinieron a testificar, aquí, tus ojos. Tu boca no colaboraba, pero ellos no necesitaban ser respaldados por otros argumentos que aquel brillo y esa ligera hinchazón que revelaba que se habían pasado toda la noche llorando.
No necesitaban en realidad más ayuda que el encontrar un rincón en el que resguardarse, y fue aquí, dentro de los míos, al tiempo que yo me rompía por dentro al observar aquel desolador panorama.
No más daño, no más luchas internas, no más promesas rotas de esas que luego te destruyen,... solo algo de amor.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Palabras.

¿Acaso soy la única que no se fía de las palabras? Quizás es que me hicieron demasiado daño, pero no creo en ellas.
Son bonitas, pueden hacer que te emociones, que te sumerjas en otro mundo, que abandones lo que eras, que te pongas en la piel de otra persona, de otro personaje, de otro ser. Son importantes, son necesarias.
Pero, cuando se trata de conversaciones, ¿cuánta credibilidad deberían tener? Últimamente la gente entrega sus sentimientos demasiado pronto, hacen que las palabras y las frases como "amor" o "te quiero" dejen de significar lo que eran. Se dicen a personas a las cuales no conoces. Entregas ese supuesto amor a alguien que quizás mañana ya no esté en tu vida. Entonces, ¿qué significado tienen? ¿de verdad puedo creer que haya verdadero sentimiento en algo que a los dos días puede quedar en el olvido?
Las palabras las dejo para mi desahogo, para la literatura, para el arte. Para los sentimientos, prefiero actos, las miradas, los besos, los abrazos,...

sábado, 15 de noviembre de 2014

Sigo siendo débil.

Todos fuimos cayendo, nos arrebatamos nuestra propia corona.Todos nos fuimos destrozando, en esos momentos las heridas que nos hacíamos no dolían. No supimos aguantar la presión. 
Fui débil y no te miento, creo que lo sigo siendo.
Me consentías demasiado, y lo sabes. Ahora, ¿qué hago en cada una de mis rabietas? Ya no vienes a hacerme reír aunque pusiera todas mis fuerzas en que mi cara esbozase el mayor de mis enfados. Ya no me haces cosquillas, ya no me calma nadie.
No sé qué echo de menos. O quizás sí. Es algo confuso. Solo sé que no es como yo esperaba. Solo sé que no me imaginaba sin ti.

Por favor, tú no.

Con solo mirar sus ojos podía sumirme en el pozo de desesperación y angustia que estaba viviendo.
Aquel rostro de desolación, de miedo, de decepción de sí mismo... que se sentía tan solo y pisoteado. Ojalá pudiera hacerle ver que no es así, o al menos poderle prometer que no será así por mucho tiempo, que todo va a cambiar.
A veces me gustaría estar en su cabeza, saber qué piensa, qué le quita el sueño, de qué se acuerda, pero al momento me doy cuenta de que sería incapaz, yo no aguantaría todo eso.
Quiero ayudarte, dime cómo.
No te derrumbes, tú, eres mis fuerzas de seguir en pie.
Te quiero.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Nuestra canción.

Y te veo reflejado en mis ojos al mirarme en el espejo, como una lágrima que quiere escapar, como un preso que ya ha cumplido con su condena, mas no puedo dejar de pensar en el porqué de tu presencia, no entiendo que aún sigas aquí.
Me lloras al oído cada noche o bien me recitas momentos juntos, tan suave, tan dulce, tan delicado. Parece que sigo notando el tacto de tus manos en mi cara como cuando te la ibas acercando poco a poco hacia la tuya para finalmente besarme. Me estremece la idea de que eso solo pasará en mi mente, que no volverá a haber tacto de piel con piel, de labios con labios.
Mientras mi corazón late al ritmo de los besos que nos dimos, mis lágrimas caen al son de la canción que en su día sentimos, esa que me hace pensar en ti.

viernes, 24 de octubre de 2014

Que te jodan.

Me quiero, y mientras tanto me das igual. El problema viene en que nunca me quiero y que tú siempre estás ahí. Que te vayas, joder, que no me apetece verte. Que no soy lo que aparento, que quiero mi soledad pero necesito que me quieran, y tú me sabías querer.
Que te jodan, que me mentiste, dijiste que siempre estarías ahí y mírame, sola, odiándote en silencio y amándote al mismo tiempo.
Y si me buscas sabes dónde encontrarme, en la penumbra de mis pensamientos, en la soledad de mi mente, en las lágrimas que han caído al suelo. Y si te busco yo, ahora no sabría encontrarte. Quizás estés en el aroma de otra chica, en el recuerdo de otro día en el que no estaba, en la lluvia que no puedo ver.