Aquella mañana amaneció llorando. Corriendo, se dirigió al lavabo para que su madre no se percatara de aquella pesadilla que había sufrido y que se veía reflejada en su horrible mirada. Pero daba igual, su cara lo revelaba todo.
Muerta por dentro no dejaba de pudrirse.
"No puedes tapar tu muerte con nada, ni colonias ni maquillaje, pues ese olor lo desprendes con tus ojos, ese dolor lo desprendes con tu boca. Y es que estás muerta por dentro".
Esas palabras no paraban de resonar en su cabeza, ni siquiera recordaba dónde las había escuchado o si iban para ella, pero daba igual, en el fondo sentía el peso de esas certezas.
Lloraba y se pegaba, se decía a sí misma que no podía ser cierto pero, entonces, cayó en la cuenta de sus latidos. No había latidos. En verdad estaba muerta. No sentía nada más que odio y tristeza y quiso morir, pero ya no solo por dentro. Quiso morir en todos los sentidos.
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