No habría sabido contestar. A lo lejos solo vislumbraba su
figura gracias a aquella farola. Sé que no podía pedirle que fueran sus brazos
los que me rodearan en aquellas noches frías, ni que sus labios se encargasen
de transmitir calor a los míos, tampoco podía pedirle que fueran sus manos las
que me agarrasen de modo que pareciese la unión más poderosa de todo el mundo.
Sabía que no podía pedirle nada de eso y, sin embargo, me enfadaba con él
porque no lo hacía.
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