Me quiero, y mientras tanto me das igual. El problema viene en que nunca me quiero y que tú siempre estás ahí. Que te vayas, joder, que no me apetece verte. Que no soy lo que aparento, que quiero mi soledad pero necesito que me quieran, y tú me sabías querer.
Que te jodan, que me mentiste, dijiste que siempre estarías ahí y mírame, sola, odiándote en silencio y amándote al mismo tiempo.
Y si me buscas sabes dónde encontrarme, en la penumbra de mis pensamientos, en la soledad de mi mente, en las lágrimas que han caído al suelo. Y si te busco yo, ahora no sabría encontrarte. Quizás estés en el aroma de otra chica, en el recuerdo de otro día en el que no estaba, en la lluvia que no puedo ver.
viernes, 24 de octubre de 2014
sábado, 11 de octubre de 2014
Te prometería tantas cosas.
Se veía realmente en su mirada que aquella niña albergaba la esperanza de que esa "segunda oportunidad" le pudiera ser concedida. Realmente lo esperaba. Pero realmente sabía que no sería posible.
Por fin lo sabía con certeza, y en ese momento no derramó ni una sola lágrima, pero sí se le desprendió una parte de ella. Sería solo el principio, acabaría derrumbada, acabaría desvanecida, olvidada.
"Prometo no herirte, prometo no lastimarte. Prometo quererte a ti más de lo que yo me pueda querer en toda mi vida. Prometo días inolvidables, llenos de risas, de amor, de caricias..." se decía la niña.
"Cállate", contestaba la cabeza. "Entiende que quizás sea lo mejor. Habla con corazón y dile que deje de doler, que no necesitamos a nadie que nos sane, que somos fuertes, que avanzaremos hasta donde podamos y que cuando estemos exhaustos, dejaremos de sentir de verdad".
En ese momento, cuando asumió la realidad, sí que derramó una lágrima.
Y fue ahí, dejó de ser ella.
Cambió. Creció. Dejó de sentir.
Por fin lo sabía con certeza, y en ese momento no derramó ni una sola lágrima, pero sí se le desprendió una parte de ella. Sería solo el principio, acabaría derrumbada, acabaría desvanecida, olvidada.
"Prometo no herirte, prometo no lastimarte. Prometo quererte a ti más de lo que yo me pueda querer en toda mi vida. Prometo días inolvidables, llenos de risas, de amor, de caricias..." se decía la niña.
"Cállate", contestaba la cabeza. "Entiende que quizás sea lo mejor. Habla con corazón y dile que deje de doler, que no necesitamos a nadie que nos sane, que somos fuertes, que avanzaremos hasta donde podamos y que cuando estemos exhaustos, dejaremos de sentir de verdad".
En ese momento, cuando asumió la realidad, sí que derramó una lágrima.
Y fue ahí, dejó de ser ella.
Cambió. Creció. Dejó de sentir.
viernes, 10 de octubre de 2014
Un manto de espinas
Todos necesitamos ayuda, y yo me deshice de mi salvavidas cual maltratador abandona a su perro, persiguiendo la absurda idea de que dejarme llevar por las olas sería más divertido y de que necesitaba valerme por mí misma. Pero no recordé las tormentas, ni aquellos monstruos marinos fruto de nuestro perverso remordimiento y conciencia, aquellos son los peores monstruos.
Quizás consigas escapar, tal vez incluso consigas llegar a tierra firme, pero no se detendrán, optarán formas terrestres, quizás humanas y no dejarán de atormentarte.
Pero ese salvavidas al que en su día renunciaste seguirá varado en el mar, y encontrará a quién salvar. Mientras, solo podrás limitarte a observar y en apreciar lo feliz y segura que está aquella persona, mientras huyes de tus miedos y de tus actos, mientras tu cuerpo ha sido recubierto por un manto de espinas desgarradoras que no permitirán que te salves nunca, nunca más.
Quizás consigas escapar, tal vez incluso consigas llegar a tierra firme, pero no se detendrán, optarán formas terrestres, quizás humanas y no dejarán de atormentarte.
Pero ese salvavidas al que en su día renunciaste seguirá varado en el mar, y encontrará a quién salvar. Mientras, solo podrás limitarte a observar y en apreciar lo feliz y segura que está aquella persona, mientras huyes de tus miedos y de tus actos, mientras tu cuerpo ha sido recubierto por un manto de espinas desgarradoras que no permitirán que te salves nunca, nunca más.
jueves, 9 de octubre de 2014
Quiso morir en todos los sentidos.
Aquella mañana amaneció llorando. Corriendo, se dirigió al lavabo para que su madre no se percatara de aquella pesadilla que había sufrido y que se veía reflejada en su horrible mirada. Pero daba igual, su cara lo revelaba todo.
Muerta por dentro no dejaba de pudrirse.
"No puedes tapar tu muerte con nada, ni colonias ni maquillaje, pues ese olor lo desprendes con tus ojos, ese dolor lo desprendes con tu boca. Y es que estás muerta por dentro".
Esas palabras no paraban de resonar en su cabeza, ni siquiera recordaba dónde las había escuchado o si iban para ella, pero daba igual, en el fondo sentía el peso de esas certezas.
Lloraba y se pegaba, se decía a sí misma que no podía ser cierto pero, entonces, cayó en la cuenta de sus latidos. No había latidos. En verdad estaba muerta. No sentía nada más que odio y tristeza y quiso morir, pero ya no solo por dentro. Quiso morir en todos los sentidos.
Muerta por dentro no dejaba de pudrirse.
"No puedes tapar tu muerte con nada, ni colonias ni maquillaje, pues ese olor lo desprendes con tus ojos, ese dolor lo desprendes con tu boca. Y es que estás muerta por dentro".
Esas palabras no paraban de resonar en su cabeza, ni siquiera recordaba dónde las había escuchado o si iban para ella, pero daba igual, en el fondo sentía el peso de esas certezas.
Lloraba y se pegaba, se decía a sí misma que no podía ser cierto pero, entonces, cayó en la cuenta de sus latidos. No había latidos. En verdad estaba muerta. No sentía nada más que odio y tristeza y quiso morir, pero ya no solo por dentro. Quiso morir en todos los sentidos.
domingo, 5 de octubre de 2014
Sabía que no podía pedirlo.
No habría sabido contestar. A lo lejos solo vislumbraba su
figura gracias a aquella farola. Sé que no podía pedirle que fueran sus brazos
los que me rodearan en aquellas noches frías, ni que sus labios se encargasen
de transmitir calor a los míos, tampoco podía pedirle que fueran sus manos las
que me agarrasen de modo que pareciese la unión más poderosa de todo el mundo.
Sabía que no podía pedirle nada de eso y, sin embargo, me enfadaba con él
porque no lo hacía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)